Sin duda, la noticia deportiva de la semana fue la elección de Kirsty Coventry como presidenta del COI para los próximos ocho años. Una elección sobre la que se destacó que es la primera mujer en presidir el organismo, que es la primera africana -más concretamente, que no pertenece a Europa o a Estados Unidos- y que a sus 41 años es la más joven desde el propio Barón de Coubertin.
Más significativo es que fuera elegida por mayoría absoluta en la primera votación -49 de los 97 sufragios-, lo que ratifica su carácter de fortaleza de su candidatura, algo que solo significa que, como se aventuraba, era la elegida de Thomas Bach para sustituirle.
Con ello se define bastante bien su programa continuista, sobre el que los ‘olimpistas’ habían destacado también como aspectos más importantes la priorización de los atletas – “necesitamos encontrar más maneras de impactar directamente y generar ingresos para los atletas antes de que se conviertan en atletas olímpicos»-, lo cual es obviamente muy positivo, aunque no parece que sea la competencia directa del COI, mejorar la interacción digital con la audiencia, algo que ya es una premisa en cualquier deporte, y mejorar la transparencia, con «tolerancia cero ante la corrupción, el dopaje y el comportamiento poco ético», algo tan consustancial con el deporte que debe ser asumido por cualquier mandatario y de cualquier nivel.
Tiempo habrá para ver cómo se materializa su programa, su día a día. Y como afecta al ciclismo, que en definitiva es lo que nos ocupa en esta web. Pero lo cierto es que proyectos como los de David Lappartient de incluir ya el ciclocross -y el cross- en el programa de los Juegos Olímpicos de 2030 en los Alpes franceses, o el de Sebastian Coe de premiar a los deportistas por sus resultados olímpicos, deberán esperar… o ver cómo se abandonan definitivamente. Y en el caso de Lappartient es de suponer que su resultado -bastante por debajo de las expectativas, con sólo 4 votos- le llevará a postularse a su tercer mandato al frente de la UCI el próximo mes de septiembre, con todo lo que significa en la organización de nuestro deporte.
Quizá en el ciclismo la mayor esperanza sea algo táctico y no estratégico, como que se acabe con esa aberrante limitación de participación en algunas disciplinas, como fue el caso de las pruebas de fondo en el velódromo de París 2024. Y ello pasa por un desarrollo más lógico de los ‘Principios del Sistema de Clasificación para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028’, aprobados también esta semana y donde se respete ese concepto de la ‘Participación de los mejores atletas’, que por esa obsesiva limitación de participantes impidió que se cumpliese en París, con algunos casos realmente aberrantes pero justificables por esa absurda reglamentación. Sinceramente lo dudo porque nadie va a pelear por ello, pero soñar es gratis.